Este piso lo diseñó un arquitecto hace más de cien años.
Y se nota en cada detalle que entonces se trabajaba sin prisa.
Espera, que te enseño.
Está en el Eixample de Barcelona, la milla de oro del modernismo, a un paseo del Passeig de Gràcia y de las casas de Gaudí.
El edificio es una joya.
Y el piso, una planta noble con todo lo que eso significa.
Techos de cuatro metros.
Mosaico hidráulico original, restaurado pieza a pieza.
Galerías, molduras y carpinterías que hoy no se pagan: no porque no haya dinero, sino porque ya no hay quien las sepa hacer.
La reforma ha metido la casa en el siglo XXI sin tocar nada de lo que la hace única.
Las mejores tiendas, los restaurantes y el arte de Barcelona están en la esquina.
Pero al cerrar la puerta, vives en una obra de arte.
¿Se puede negociar el precio?
No.
Lo que se vende aquí es patrimonio, historia y una dirección irrepetible. Y eso no entra en una negociación de descuento.
Abstenerse inversores de pelotazo, amantes del gotelé y cazadores de gangas.
¿Lo que te enseñaba?
Que casas nuevas hay muchas.
Como esta, ya no se hacen.
Y eso, con el tiempo, solo vale más.