Esta casa tiene más de cien años.
Y sin embargo, va a cambiar los próximos cien de tu familia.
Déjame explicarte por qué.
La finca se levanta a los pies de la Sierra de Tramuntana, entre olivos que ya estaban aquí cuando tus abuelos eran jóvenes.
La piedra es la original.
No la pusieron para parecer auténtica: lo es.
Dentro, los techos de bóveda y la madera conviven con cocina, climatización y domótica que no se ven, porque el lujo de verdad no necesita enseñarse.
El olivar no es decorado.
Da aceite. El tuyo.
La piscina mira al valle, y a media tarde el único sonido que vas a oír es el viento entre los árboles.
Palma y Deià están a un paseo en coche.
Pero la mayoría de los días no vas a querer salir.
¿Se puede negociar el precio?
No.
Porque no estás comprando metros de piedra, estás comprando silencio, raíces y una forma de vivir que el dinero rápido no entiende.
Abstenerse prisas, reformadores compulsivos y cazadores de oportunidades.
¿Y lo de los próximos cien años?
Que esta es de esas casas que no se venden.
Se heredan.